martes, 10 de mayo de 2011

Mal de amores y dilemas

Uno comienza en la vida siendo hijo: aprendiendo, acertando, equivocándose… uno crece anotando en su memoria aquellas cosas de las cuales no volvería a realizar o a repetir de sus propios padres, cuestionando todo y creyendo que es fácil darse cuenta cuando se está o no en lo cierto.
Tato está grande, por cumplir 9, los vellos rubios poblan de a poquito sus piernas y su corazón se va llenando abruptamente de sentimientos de amor. Él siempre fue medio enamoradizo, pero con menos años, sus desamores eran calmados con un masticable o un chocolate… ahora eso no basta…
El otro día llegó muy triste porque sentía que esa niñita a quien desea no lo quería más, que estaba mirando a otro… Intenté explicarle desde la razón, desde el corazón, llenarlo de besos y abrazos, pero nada alcanzó… tuve la oscura tentación de llamar a la madre de la niña y rogarle que su hija aclarara la situación… no sabía qué hacer… (menos mal que no hice nada más que esperar)
Siempre intentamos con Triana alcanzarles el cielo con las manos a nuestros hijos, pero hay un momento de la vida en que algunos dolores son necesarios e inevitables, que a la vez nos van formando como seres de bien.
Al día siguiente todo había pasado, Tato fue maravillado con una canción cantada por esa hermosa niña.





martes, 8 de marzo de 2011

La vida pasa demasiado veloz

Hay épocas y épocas, algunas más complicadas para poder plasmarlas en letras, otras que van despacito esperando ser vistas… Tuvimos vacaciones, descanso, disfrute en familia en una bella cabañita en la montaña, con una familia amiga, donde pudimos comprobar una vez más, que son de esa familia que uno elige. Comenzó marzo, Tato inició 3er grado y Tinchi salita de 2. Los miro y me emocionan cómo interactúan, como conversan, como se ríen juntos… esa distancia que los separa de estatura, deja de existir, cuando un ser maravilloso como mi hijo mayor, le va abriendo todo el universo de a cachitos a su hermanito, para que lo comprenda.




pd: la foto es de la hermosa cabañita en la que estuvimos.


miércoles, 5 de enero de 2011

Prefiero haber creído aunque sea una vez



- Mamá, ¿los regalos de Reyes los ponen ustedes dos? - ¿Cómo hijo?- le dije para tener unos segundo en elaborar una respuesta. - ¿Ustedes son los Reyes? - ¿Qué querés que te conteste, qué querés escuchar, la verdad? - Si, la verdad. - ¿Vos que creés? - Que los Reyes son ustedes, porque no pueden pasar por el balcón. - Los Reyes Magos no existen…- dije con un nudo en la garganta. - ¿Y Santa? ¿Santa si o no? - ¿Con la verdad? Tampoco. - ¡Odio a los adultos con sus mentiras!- sus ojazos verdes se llenaron de lágrimas, junto a los míos. Intenté hablar, contando historias de San Nicolás, de los Reyes Magos… pero preferí abrazarlo. - Hijo, hubieras preferido que nunca te hubiera contado la historia de los Reyes, de Santa o del Ratón Perez? - Mami, prefiero haber creído aunque sea una vez, porque cuando creí fui feliz. ¿Queda alguna otra mentira? - No, ya no queda nada que ocultarte. - Le voy a contar a Tinchi, voy a abrir los regalos y no voy a poner los zapatos… - Cuando vos eras pequeño, decías que querías ser Papá Noel cuando seas grande, podés ayudarme… Y si no ponés los zapatos, no vas a recibir regalitos… yo los voy a poner… - ¿Y qué hacías con el pasto que dejábamos para los camellos? - Me lo comía yo. Los dos nos reímos a carcajadas, dándome cuenta ahí que se me estaba quemando la comida, que Tinchi había volcado helado por toda la casa y que mi hijo mayor había crecido. Mientras solucionaba todo eso, escucho a Tato charlar con Tinchi y decirle: “Tinchi! Esta noche vienen los Reyes, siiiii, vamos a poner los zapatos y pastito, así nos deja regalito, ¿si?”